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martes, 15 de junio de 2010

¿Por qué molestan tanto las vuvuzelas?

Una explicación científica. La frecuencia en que se produce su sonido es una de las que el oído humano percibe con mayor nitidez. Además, una exposición prolongada a este ruido puede dejar daño auditivo permanente.


Más allá de la seguridad en Sudáfrica, que se ha visto vulnerada tras los casos de asaltos a periodistas, turistas y hasta selecciones; e incluso más allá de la crítica de comentaristas deportivos sobre la “mezquindad” mostrada por el juego de varias selecciones en lo que va del Mundial; ha sido la vuvuzela la que más críticas se ha llevado en la justa futbolística.

La trompeta de plástico con que los fanáticos sudafricanos –y ahora también miles de los barristas de diversas nacionalidades que llegaron a la Copa del Mundo- alientan a su selección produce un sonido chirriante que desespera a más de uno. Por ello, Trevor Cox, presidente del Instituto de Acústica y de ingeniería acústica de la Universidad de Salford, del Reino Unido, ensayó una explicación de por qué se da la molestia en nuestros oídos, en la revista New Scientist.

¿CÓMO Y POR QUÉ SUENA ASÍ?
La vuvuzela se toca sacando la lengua y exhalando por la boquilla al unísono: en solo un segundo, los labios se mueven 235 veces, aproximadamente, con lo que se produce el sonido que sale a través del extremo abierto de la corneta.

Se supone que el sonido recuerde los cuernos de caza, pero si una turba la toca desordenadamente y al unísono, el distorsionado ruido es capaz de atacar de nervios a cualquiera. Según Cox, ello se produce porque los aficionados no “exhalan” de forma constante a través de las vuvuzelas.

¿POR QUÉ MOLESTA TANTO?
La intensidad del sonido es logrado por la vuvuzela por su forma cónica y acampanada. Pero lo molesto de este ruido es la frecuencia en que se produce, que es de 235 hercios, y los sonidos múltiplos de la frecuencia original -desde 470, 700, 940, 1171, 1400 y hasta 1630 hercios-. Sus sonidos más altos se encuentran en el rango que el oído humano percibe con mayor sensibilidad, por eso nos irrita su escucha, dice Cox.

Nuestro oído funciona como sistema de alarma preventivo, pues los cambios de ruido que percibimos a nuestro alrededor pueden indicar peligro; y dejamos de percibir sonidos que no representen amenaza alguna. El alto sonido de la vuvuzela es uno al cual difícilmente cualquiera se habitúa.

Además, precisa Cox, en vista de que produce 116 decibeles a un metro, una exposición prolongada al ruido de la vuvuzela –de acuerdo a un estudio del Departamento de Patologías de la Comunicación de la Universidad de Pretoria, que es sede mundialista- pone en riesgo la capacidad auditiva de un individuo. Oír una vuvuzela de 7 a 22 segundos ya excede los niveles permitidos para trabajar; una barra de vuvuzelas, solo en un partido de práctica, ha dejado sordos, temporalmente, a varios espectadores.

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